Retazos de dramas.

De la nada el mundo da una vuelta y la comida llega a mi úvula. 
Nada tiene el mismo significado y me muero por levantar el teléfono y llamar para solo decir que extraño tu voz, escuchar como piensas articular respuesta y colgar.
En realidad no te quiero escuchar pero quiero que sepas que sí quiero. 
Te mueves sin moverte, respiras y vives allá donde el querer te ha puesto.
Me doy cuenta que no me extrañas.

Soy la reina del extrañar a quien se gana mi mente. Princesa del no pensar en lo positivo y duquesa en tragedias. 

Si vieras mi cenicero, te darías cuenta de que mi vida estos días no ha sido sencilla. Que me he planteado metas vacías con tal de recibir una autosatisfacción llena de helio que no me ha de llevar a ningún lugar, que solo me servirá para flotar por ahí como un globo lleno de ego.

Me duermo pensando en tus letras y sueño con realidades alternas que no se logran. Busco el desahogo en correr varias veces por el mismo lugar, viendo las mismas caras y siendo alumbrada por las mismas luces. Corro hasta que de nuevo la comida llega a la garganta, me detengo y me doy cuenta de que lo que quiero es ya acabar tendida a media calle sin nada más que las luces sobre mi cuerpo amorfo. 

Ni en sueños llego a tu casa. Ni en sueños llego a tu cama, a tu boca. Ni en sueños me puedo despertar para ponerme tu camisa y volverme a acostar. 
Ni en las realidades más alternas me puedo poner del mismo perfume que tu usas para salir tomada de tu mano hacia lo que nos aguarda.

Me duele que no estés y no estarás. 

El amor es a veces un sacrificio. 
Sacrificar el amor mismo, es amor puro.
Callar, no escribir y solo pensar es sacrificio.
Poder mantener la boca cerrada y el corazón siempre abierto para que, cuando quieras, vuelvas a entrar.